Jesús dijo: El que cree en mí, tiene vida eterna.
Juan 6:47 |
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Creemos que por la gracia del Señor Jesús seremos salvos.
Hechos 15:11 |
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¿Está seguro?
Desde su juventud, para este hombre la eternidad era una fábula, la existencia de Dios un sueño y el infierno un producto de la imaginación. Pero cayó enfermo y, al final de su vida, veía las cosas de otra manera: ¿Y si se había equivocado? ¿Y si había un Dios y tenía que ir a su encuentro? Entonces mandó llamar a un creyente, quien le expuso la condición del hombre pecador y el juicio que le esperaba si no aceptaba a Jesús como Salvador. Un amigo del enfermo le dijo: –Es mejor que se calle. ¿Por qué perturba con sus fantasías los últimos días de mi amigo? –Fue su amigo quien me llamó, respondió el creyente. Y todavía puede ser salvo, pero hay que darse prisa. –¡Cállese!, gritó el amigo. ¡Vivimos, morimos y después de la muerte no hay nada! El creyente lo miró a los ojos y le dijo: Eso es lo que usted dice, pero, ¿está seguro? Sorprendido, el hombre no supo qué responder y salió del cuarto. El enfermo no podía sacar de su mente esta pregunta sin respuesta: ¿Está seguro? Estaba desesperado. Entonces el creyente abrió su Biblia y leyó: “Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores” (1 Timoteo 1:15). El enfermo se repetía: “Palabra fiel y digna… Cristo Jesús vino… para salvar a los pecadores”. Dejarse penetrar por esta seguridad era creer, creer que Jesucristo se ofreció en sacrificio a Dios, en nuestro lugar, para cargar con nuestros pecados. El moribundo aceptó a Jesús, y la paz de Dios entró en su corazón.
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