La Buena Semilla: Sábado 24 Febrero
Sábado
24
Febrero
Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad.
Mateo 5:5
¿Quién es sabio y entendido entre vosotros? Muestre por la buena conducta sus obras en sabia mansedumbre.
Santiago 3:13
Bienaventurados los mansos (4)

Esta tercera bienaventuranza hace eco a las palabras del Salmo 37:11: “Los mansos heredarán la tierra”. Como todas las bienaventuranzas, adopta el punto de vista contrario a los valores del mundo, dirigido por los poderosos en detrimento de los débiles. Pero dicha bienaventuranza nos dice que un día esto cambiará. Durante su vida en la tierra Jesús fue “manso y humilde de corazón” (Mateo 11:29). Así será en su reino con los que heredarán la tierra.

Jesús invita a sus discípulos a ser mansos. La mansedumbre no es una falta de valor o una ausencia de fuerza, sino precisamente la fuerza que Jesús da y que busca el bien del otro. Es lo contrario a la soberbia y a las emociones descontroladas. El hombre manso a veces se escandaliza (cuando el nombre de Dios o del Señor es blasfemado), pero nunca se enfada porque hieren su orgullo. El hombre manso somete humildemente todas sus capacidades y emociones a Dios, y vela para que las circunstancias externas, incluso las hostiles, no perturben su paz interior. Solo podemos ser mansos si permitimos que la mansedumbre de Cristo habite en nosotros. El contacto con él por medio de la oración personal nos hace descubrir su infinita dulzura, que elimina progresivamente la dureza y la amargura de nuestro corazón.

Que este espíritu de Cristo caracterice nuestras relaciones conyugales, familiares y en la congregación. “Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia” (Colosenses 3:12).

(continuará el próximo sábado)

Éxodo 8 – Hechos 7:30-60 – Salmo 26:1-7 – Proverbios 10:15-16