La Buena Semilla: Martes 15 Octubre
Martes
15
Octubre
Aconteció que yendo yo… como a mediodía, de repente me rodeó mucha luz del cielo; y caí al suelo, y oí una voz que me decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Yo entonces respondí: ¿Quién eres, Señor? Y me dijo: Yo soy Jesús de Nazaret, a quien tú persigues.
Hechos 22:6-8
Vino a ser uno de ellos
Leer Hechos 9

Este texto nos presenta a un hombre que respiraba “amenazas y muerte” contra los cristianos. Saulo, muy religioso y celoso del judaísmo, persiguió ferozmente a los que abandonaban la religión de sus antepasados. Pero un día Jesús se le apareció y lo detuvo repentinamente en su terrible camino de persecución. Después de este encuentro, no volvió a ser el mismo hombre.

Transformado radicalmente, reconoció a Jesús como su Salvador y Señor. Entonces se convirtió en el blanco del odio de sus antiguos correligionarios, pero estuvo dispuesto a soportarlo todo por el Señor. Los discípulos de Jesús, a los que antes había odiado tanto, lo cuidaban con amor. ¡Saulo formó parte de los cristianos perseguidos, vino a ser uno de ellos! Cuando se enteraron de que los judíos querían matar a Saulo, “los hermanos” se movilizaron para salvarlo (Hechos 9:25; 17:10).

El vínculo que unía a Saulo con los cristianos es el vínculo divino que une a todos los cristianos con Jesucristo, para formar un solo cuerpo (1 Corintios 12:12-13). No se trata de una simpatía humana, ni de una simple solidaridad, sino de un vínculo vital e indestructible que tiene su fuente en el amor de Dios. Esta verdad constituye una de las enseñanzas fundamentales de las epístolas de Saulo, quien se convirtió en el apóstol Pablo. Así escribió a los creyentes de Corinto: “Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular” (1 Corintios 12:27). “Que los miembros todos se preocupen los unos por los otros” (v. 25).

Deuteronomio 9 – Juan 6:22-40 – Salmo 118:1-4 – Proverbios 25:12-13