La Buena Semilla: Domingo 19 Mayo
Domingo
19
Mayo
La promesa del Padre, la cual, les dijo (Jesús), oísteis de mí:… vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días.
Hechos 1:4-5
Si me fuere… vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo.
Juan 14:3
Entre dos promesas

Antes de dejar a sus discípulos para morir en la cruz, el Señor les hizo dos promesas: una, que el Padre les enviaría al Consolador, el Espíritu Santo (Juan 14:26), mencionada en Hechos 1:4, y otra, que volvería a buscarlos él mismo. Entre los dos acontecimientos, que son el objeto de esas promesas, transcurre el tiempo de la formación de la Iglesia.

La promesa del Padre de enviar su Espíritu para bautizar a los discípulos se cumplió en Pentecostés. Este suceso es el punto de partida para la constitución del Cuerpo de Cristo en la tierra, ya que el Espíritu Santo une a los creyentes en un cuerpo (Efesios 4:3-4), cuerpo cuya cabeza es Jesucristo glorificado en el cielo (1:22-23). Esta unidad del Cuerpo de Cristo solo la ve Dios: no podemos conocer a todos los cristianos del mundo, ni siquiera a los de nuestro vecindario. En especial experimentamos su realidad cuando encontramos a un creyente de otra parte del planeta: pese a las diferencias culturales, nos sentimos unidos por el mismo Espíritu. Cuando los creyentes se reúnen alrededor del Señor (Mateo 18:20), experimentan algo de esa unidad; de esta manera constituyen una expresión del Cuerpo de Cristo.

La promesa del Señor está expresada claramente en Juan 14:3: Jesús vendrá a buscarnos y así estaremos siempre junto a él. La promesa del Padre tuvo su cumplimiento; la del Hijo indudablemente también lo tendrá.

Joel 2 – Marcos 14:53-72 – Salmo 60:1-5 – Proverbios 15:25-26